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Políticas públicas denigrantes

Monday, April 30th, 2007
Políticas públicas denigrantes

Una
causa, entre otras, es la dificultad que tienen los diseñadores de
políticas públicas para definir con exactitud y realismo el o los
objetivos que se pretende alcanzar con las obras, objetivos que deben
definirse siempre en términos de la satisfacción de necesidades
sociales de las personas de carne y hueso y no en función de cifras
estadísticas o indicadores macroeconómicos.

La
gente del pueblo de Ñancul está "apestada" con los malos olores que
emite la planta de tratamiento de aguas servidas y con las autoridades
locales y regionales que no han tenido la voluntad necesaria para
designar un ente administrador de dichas instalaciones, que se
encuentran abandonadas y colapsadas por falta de mantenimiento.

Después
de las ostentosas declaraciones y discursos oficiales acerca del
"tremendo esfuerzo" realizado para dotar al pueblo de una solución
sanitaria moderna, la fría realidad del mal olor demuestra que, una vez
más, la gente modesta es la que se denigra, no la que se beneficia, con
políticas públicas mal diseñadas y mal implementadas.
La
situación descrita es demasiado repetitiva y una demostración palpable
de un comportamiento perverso muy adentrado en la mentalidad de muchas
personas que tienen un rol de dirigente o ejecutivo de alguna
organización, ya sea una Junta de Vecinos, un Servicio Regional o un
Ministerio, que consiste en valorizar o justificar su actuación
considerando solamente el monto de la inversión o los "esfuerzos
personales" desplegados para concluir un proyecto determinado, sin
considerar para nada la calidad objetiva de los resultados obtenidos ni
la satisfacción de los usuarios.
Una
causa, entre otras, es la dificultad que tienen los diseñadores de
políticas públicas para definir con exactitud y realismo el o los
objetivos que se pretende alcanzar con las obras, objetivos que deben
definirse siempre en términos de la satisfacción de necesidades
sociales de las personas de carne y hueso y no en función de cifras
estadísticas o indicadores macroeconómicos.

Otra
causa, muy notoria en los casos de conflictos ambientales, es la
pasividad de los organismos fiscalizadores y de los eventuales
afectados por los proyectos, que no son capaces actuar proactivamente
ni de organizarse con eficacia para proteger la calidad de vida del
entorno afectado, limitándose en muchas ocasiones a reaccionar
inutilmente cuando las obras ya están terminadas y en operación.
Esta
miopía generalizada de no definir objetivos sociales ni evaluar la
calidad de los resultados, junto con la inoperancia de las autoridades
responsables, es la que permite que ocurra este desastre ambiental que
sufren los habitantes de ??ancul y de tantos otros lugares a través del
país, especialmente las comunidades mapuches que son castigadas con la
instalación de cuanta planta de tratamiento de aguas servidas o
depósitos de basura se construya en  La Araucanía.

El
ejemplo perfecto para que sirva de advertencia a todo el país es la
descriteriada implementación anticipada y sin infraestructura del Plan
Transantiago, el mayor fiasco público en el último medio siglo, con el
que los tecnócratas del gobierno arrellanados en sus sillones y
protegidos por la ideología del secretismo perpetraron con su "modelo
matemático" el golpe más brutal a la calidad de vida de millones de los
santiaguinos más modestos que hoy deben transportarse hacinados como
animales para concurrir a sus tareas cotidianas, disminuyendo además el
tiempo de vida familiar y aumentando sus costos de viaje.
Por Manuel Gross Osses

(Publicado en el diario El Correo del Lago, de Villarrica, el sábado 10 de marzo de 2007)